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El Cine Cumbre sigue presente en el recuerdo de los vecinos de Saavedra

cine cumbreEl cine teatro Cumbre fue un ícono barrial entre las décadas del 30 y el 70, ubicado en el cruce de Av. Balbín y García del Río, a escasos metros de la emblemática estación de tren: Saavedra. A pesar de que hace ya muchos años no se proyecta allí ningún film, los vecinos tienen muy presente el recuerdo de sus épocas de apogeo y las anécdotas que vivieron dentro de sus paredes. Y como sucede con otros cines de barrio de la ciudad, el Cumbre, busca también reabrir sus puertas mediante un proyecto de expropiación que busca reactivarse en la Legislatura porteña.  

 

En el presente la edificación en donde funcionó el Cumbre pasa casi inadvertida en el paisaje del transitado centro comercial del barrio. Aún sobreviven los ladrillos de su original fachada detrás de una vieja marquesina del supermercado “El Campeche”. La cortina metálica con graffitis descoloridos, la pintura saltada y las manchas de oxido y humedad, son las tristes protagonistas de la escena.

A pesar de todo, el emblemático cine Cumbre sigue vivo dentro del corazón de los vecinos. Tal es el caso de Franco Mariani de 82 años, quien rememora su infancia y adolescencia por las calles aledañas al Cumbre. A los diez años, junto a sus amigos, Franco repartía los programas de las películas por debajo de las puertas de las casas. “Luego te daban una entrada gratis para la semana”, expresa con una sonrisa.

 “El Cumbre y el cine AESCA eran los dos grandes atractivos del barrio”, afirma Aída Messina, vecina de García del Río y Holmberg. Y entre sus recuerdos del Cumbre, explica que era un ambiente sano y familiar: “mi mayor alegría era ir al cine con mi mamá”. Aída fue espectadora de una gran variedad de películas, entre ellas las de Chaplin y los Hermanos Marx.

María Rosa De Petro reside en Av. Balbín y Manuela Pedraza desde el año 62. “Yo era presidenta de la cooperadora de la Escuela Martín Barco Centenera, ubicado en Núñez y Roque Pérez. Entonces, íbamos con la maestra y llevábamos a los chicos a las dos de la tarde para ver películas sobre San Martín y Sarmiento”, recuerda María Rosa.

El Cumbre era más pequeño en relación a las salas cinematográficas del centro de la ciudad. Era, más acertadamente, un típico cine de barrio. A pesar del carácter añejo de la sala, ésta se conservaba prolija. A diferencia de los grandes cines del centro, el Cumbre ofrecía una pantalla pequeña, butacas un tanto rígidas y pisos de madera alfombrado.

Por un módico precio se podían adquirir las entradas para disfrutar de varias películas. Según recuerda Aída, “siempre se pasaban tres películas y un noticiero”. Éstas se renovaban todos los jueves aunque éstas primero se proyectaban en los cines del centro donde la entrada era un tanto más costosa. En el Cumbre se realizaban además los “Miércoles de Damas” en donde las mujeres tenían un descuento en la compra de boletos.

Miguel Ángel Lembo es vecino de Saavedra “de toda la vida”. Según Miguel, el Cumbre fue el gran cine del barrio, el cual frecuentó desde su juventud hasta sus años de adulto ya junto a su esposa. Él explica que se proyectaban películas norteamericanas de western hasta que surgieron los filmes “spaghetti” de producción italiana como Un dólar marcado (1965), El bueno, el malo y el feo (1966), entre otros títulos. La guerra de los mundos (1953) es otra de las producciones estadounidenses que Miguel recuerda haber visto en el Cumbre: “nos encantaba ver esos marcianos que, comparados con los de hoy, nos parecen personas disfrazadas que se escaparon de un corso en carnaval”.

Los títulos aparecían publicados en los diarios junto con distintas advertencias como “no apto menores de 14 años e incluso menores de 18”, por lo tanto, mostrar el documento de identidad era requisito para ingresar a la sala.

En aquellas épocas, las películas se dividían en capítulos y se intercambiaban entre los distintos cines. Es así que, cuando finalizaba el primer rollo, un motociclista se encargaba de llevarlo en tiempo récord a la siguiente sala donde sería proyectada la película. De esta manera, los capítulos de un mismo film rotaban entre los cines dentro de un mismo circuito. La realidad es que, en ese entonces, había más salas que fílmicos.

En algunas ocasiones, si un rollo se retrasaba para continuar con la película, se encendían las luces y comenzaban los silbidos y zapateos ansiosos del público. El acomodador, apodado “El Gallego”, era el encargado de custodiar el orden dentro del recinto. Era un hombre calvo, robusto, con “cara de pocos amigos” la cual no cambiaba “porque sino los pibes le destruíamos la sala”, dice entre risas Miguel Ángel.

El boletero, según describe Miguel Ángel, era un señor mayor que vestía siempre de traje y quien muchas veces, no le cobraba la entrada y hasta le prestaba el teléfono para hacer algún llamado, en la época en donde casi no había teléfonos en Saavedra. “El barrio era como una gran familia, todos nos conocíamos, esto ya no sucede”, declara Miguel Ángel.

El cine teatro Cumbre fue vendido y cerrado definitivamente a fines de la década del ´70. Con el correr de los años, el cine de barrio sufrió distintas metamorfosis hasta llegar a convertirse en un supermercado. Miguel Ángel expresa al respecto: “nunca dejé de sentir que estaba transitando por el interior de mi cine. Más de una vez se me escapó alguna lágrima no sé si por los recuerdos o porque habían matado un pedazo de historia de mi barrio o de mi vida misma”.

El sueño de reabrir sus puertas

Durante el 2010, María Rosa De Petro se movilizó para juntar más de mil firmas para reabrir al cine Cumbre ya que se lo considera “un viejo ícono de épocas muy queridas y añoradas por los vecinos”, según se explica en la petición. Cabe destacar que en ese contexto se recuperaron diversos cines y teatros de barrio por parte del Gobierno de la Ciudad, como es el caso del 25 de Mayo en Villa Urquiza en el año 2008.

“Recuperarlo sería muy bueno para Saavedra. Hay mucha gente mayor en este barrio y hay que entretenerla”, dice María Luisa Rodríguez, vecina  de Paroissien y Plaza. Tanto María Rosa como María Luisa, coinciden en que Saavedra cuenta con gran cantidad de vecinos entre 60 y 80 años, que por distintas discapacidades les es difícil movilizarse a otros barrios para ver una película o un espectáculo.

Actualmente, existe un Proyecto de Ley para declarar al cine teatro Cumbre como integrante del Patrimonio Cultural. El Proyecto de Ley será presentado el mes próximo por la Diputada porteña Adriana Montes (Bases para la Unión). Mientras tanto, los vecinos de Saavedra aún conservan la esperanza de ver al Cumbre reabrir sus puertas como espacio cultural.

Localidades reservadas

El local donde funcionaba el Cine Cumbre pertenece a un privado. Fuentes legislativas encargadas de llevar a cabo el Proyecto de Ley para su recuperación,  por el momento,  prefieren reservarse el nombre del propietario del inmueble. En el local abandonado hoy viven personas que estarían autorizadas por su dueño.