Grafitis: el subte como campo de batalla
Se cumplió un mes desde que la empresa Subterráneos de Buenos Aires comenzó un proceso de limpieza de grafitis en sus formaciones. Hasta el día de la fecha, se removió la pintura de 78 coches. Los usuarios opinaron cómo les afecta la intervención de los jóvenes que se expresan con sus aerosoles en el transporte público. Por otro lado, ellos manifestaron su punto vista.
Súbterráneos de Buenos Aires (Sbase) inició un período de limpieza que comenzó por la línea B y continuará por la C, D y E. En cuanto a la H y la A no hay casi presencia de grafitis. Fuentes de Sbase explicaron que recibieron todos los subtes vandalizados y, según el relevamiento que efectuaron, esto se presentaba en el 85% de la flota. A raíz de los numerosos reclamos que generaban los grafitis en las ventanas y puertas, Sbase comenzó a buscar una solución: “Estuvimos investigando varios meses algún producto que quitara los grafitis pero que no removiera la pintura original. Entonces encontramos una pyme llamada Solmi que es una de las más antiguas del país”.
Se trata de una técnica de industria nacional proveniente de San Pedro en la provincia de Buenos Aires. “Nosotros además de quitar el graffiti hacemos un tratamiento antigraffiti, es decir, le ponemos un producto de nuestro desarrollo, que es una especie de plastificado, así en el futuro resultará más fácil sacarlos. Va a ser una decepción para el que haga los graffitis porque se los va a sacar enseguida”, afirmó Víctor Solmi.
Hoy se está limpiando una formación entera por noche y se estima que a mediados de octubre finalice el trabajo en la línea B. Según Solmi, han desarrollado un producto con un notable éxito al punto que recibieron distintas propuestas para trabajar en países como España, Alemania, Uruguay, Chile, Brasil, entre otros.
Por otro lado, Víctor admitió que los grafitis no sólo son una expresión artística en un lugar equivocado, sino que terminaron siendo muy invasivos como es el caso de la pintura sobre los vidrios y esto impide reconocer las estaciones.
Por su parte, los usuarios del subte coincidieron con que los grafitis en las ventanas y puertas son el principal punto de conflicto. Al respecto, Elisa, bióloga de 50 años, dijo que “El tema del grafiti es relativo: una cosa es lo que se quiera expresar con él y otra es cómo afecta a lo cotidiano del usuario, o sea no está bueno que vos no sepas en qué estación estás”. Así mismo, afirmó que para ella el grafiti es una expresión de arte y señaló: “No me molesta la pintura en sí mientras sea algo artístico. Pero depende de cómo sea el grafiti y dónde esté ubicado. Quedaría maravillada si lo hicieran más prolijo”.

En el caso de Enrique Ruchelli, que utiliza el subte para trabajar todos los días, los grafitis le resultan poco agradables porque le parece que es un talento desperdiciado. Y asevera que “Se podrían hacer grafitis con algún otro sentido, por ejemplo en las calles haciendo algún otro motivo. Hay gente que se dedica a pintar en paredes de la ciudad y quedan muy bien artísticamente. Pero creo que arruinan los subtes específicamente cuando pintan las ventanillas porque cuando uno va viajando tiene la sensación de ahogo y encierro”.
El transporte público como espacio que debería ser cuidado y respetado por todos es una idea que defiende Carlos Onco, Despachante de Aduana de 60 años: “Siento un rechazo porque no es el lugar para hacer grafitis. ¿Por qué tienen que meterse con el transporte público?. Las cosas tienen que estar limpias, pero está todo enchastrado. Hay que empezar a respetar las cosas, porque sino cualquiera hace lo que quiere, no puede ser”. Y agrega que “todo es un desmadre porque no hay educación”.
Darío Maidana, vecino de Villa Pueyrredón, es músico y toca en el subte desde hace 4 años. Asegura que los graffitis le encantan pero le molesta que tapen los vidrios. “Quedan hermosos, son mucho mejor que el gris del subte”, agregó Darío. Siguiendo la misma perspectiva, Celine Brasseur, estudiante de publicidad, dijo que esta forma de expresión no deja de ser arte urbano y sostuvo que “sería muy astuto si se aceptara abiertamente el grafiti, de cierta forma institucionalizarlo. Así le hacés la contracampaña, quizás sea una forma más inteligente”.
Pintar y correr
Reat tiene 20 años, comenzó a pintar como una diversión para salir con amigos. Su primer experiencia en subtes fue en la línea B. Recuerda que en ese momento era más chico y reconoce: “Al principio te da un poco de miedo, tenés que entrar por las alcantarillas que están llenas de ratas. Pero uno busca correr ese riesgo”. Reat, es el nombre que eligió como su firma, la cual intenta dejar plasmada en la mayor cantidad de superficies para ser vista por los demás graffiteros. “Lo que uno busca es que su obra recorra desde la estación Alem hasta Juan M. de Rosas y para que otros graffiteros digan –ah mirá, eso es nuevo-“, asegura el jóven. Entre ellos se reconocen por la firma. Además el respeto es el valor clave que todos buscan alcanzar. La búsqueda de prestigio tiene que ver con estar siempre presente mediante la firma, su grado de originalidad y la trayectoria como artista urbano. “Que tus pintadas estén siempre en la calle, eso cuenta mucho”, dice Reat. Otro aspecto de la movida subterránea es que es muy usual decirse entre ellos a modo de burla: “Nosotros nunca dormimos”. De eso se trata la noche graffitera: salir a pintar y no dormir.
Rek, vecino de Villa Urquiza, recuerda que con su amigo pintaban los trenes, allá por el año 2002. “Nosotros nos tomábamos el último tren de las cuatro y media que te dejaba en Retiro. Podías pintar en el momento en que el guardia se iba a la otra punta de la yarda. Iba a pintar a la noche y al otro día por la mañana, me quedaba a esperar a que pasara para sacarle la foto. A la noche vos vas a pintar y correr”, dice Rek entre risas mientras muestra las fotos de sus primeros graffitis tomadas con su cámara analógica.
En esa época Rek afirma que había 6 o 7 grafitis que seguían en los subtes. Aquéllos eran de unos alemanes que habían venido al país a quienes Rek describe como unos kamikazes “porque ahora los que pintan están mejor organizados, saben por dónde entrar”.
Ambos artistas callejeros coinciden en que se trata de una guerra de poder entre los grupos y el más joven afirma: “ya no hay más lugar en los subtes. Se tapan los graffitis entre ellos mismos y la verdad que es un problema”.
Reat concluye que “hay muchas emociones detrás de cada pintada. Yo no me imagino una vida sin pintar. Es como una enfermedad, estás todos los días pensando en grafitis”.