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Saavedra: el increíble museo de teléfonos, walkmans y computadoras que funciona en una vivienda fue declarado de Interés Cultural

La intervención está en Pasaje Cisne 4011 y comenzó en 2018. Su fachada reúne cientos de objetos tecnológicos que quedaron en desuso y que, con el tiempo, fueron convirtiendo el lugar en un particular museo a cielo abierto. Ahora fue declarado de Interés Cultural por la Legislatura porteña.

En una tranquila calle de Saavedra hay una fachada que obliga a mirar dos veces. Teléfonos fijos, calculadoras, teclados, cámaras, reproductores de casete, walkmans, celulares con tapa y otros aparatos tecnológicos forman parte de una intervención artística que ya se convirtió en una postal particular de la Comuna 12.

Se trata de Casa Obopop, ubicada en Pasaje Cisne 4011. La obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, propietario del inmueble, y comenzó en 2018. Con el paso del tiempo, la fachada fue creciendo hasta convertirse en una especie de museo a cielo abierto de la tecnología que quedó atrás.

Ahora, además, recibió un reconocimiento institucional. La Legislatura de la Ciudad declaró de Interés Cultural al inmueble y dispuso la colocación de una placa. La iniciativa fue presentada por la legisladora Noemí Geminiani.

Una colección que recorre varias décadas

El nombre Obopop proviene de “Objetos de Botonera Obsoleta con Perillas o Palancas”, una expresión utilizada por Stoessel para definir la propuesta.

La fachada reúne dispositivos utilizados desde la década de 1960 hasta los primeros años del siglo XXI. Hay botones de teléfonos fijos, calculadoras, equipos con casetera, filmadoras, walkmans, discmans, celulares con tapa, joysticks, grabadoras de estudios de sonido y cámaras utilizadas en cibercafés.

Entre las piezas más antiguas aparece una calculadora de la década de 1960. También se destaca un monitor IBM de los años 70. Son objetos que permiten recorrer, en pocos metros, varias etapas de la evolución tecnológica.

La particularidad es que muchos de esos aparatos no están exhibidos detrás de una vitrina. Forman parte directamente de la fachada y pueden observarse desde la calle. Por eso, con los años, el lugar comenzó a llamar la atención tanto de quienes viven en la zona como de visitantes que llegan hasta Saavedra para conocerlo.

 

Los vecinos también fueron parte de la historia

La obra fue creciendo con aportes de personas que tenían en sus casas dispositivos que ya no utilizaban.

Vecinos de distintos barrios acercaron teléfonos, cámaras, reproductores de música y otros aparatos antiguos que terminaron incorporándose a la intervención. De esa manera, objetos destinados a quedar guardados o convertirse en residuos tecnológicos encontraron una nueva función.

Esa característica también le dio a la obra una dimensión generacional. Para los adultos, muchos de los objetos forman parte de recuerdos cotidianos. Para los más chicos, en cambio, algunos resultan completamente desconocidos.

Las máquinas de escribir, los botones, las teclas y los distintos dispositivos que forman parte de la fachada también despiertan curiosidad entre los niños y funcionan como una forma informal de acercamiento a tecnologías que ya dejaron de utilizarse.

Una postal diferente de Saavedra

Más allá de su aspecto llamativo, la propuesta combina arte, memoria tecnológica y reutilización. La propia selección de objetos permite observar cuánto cambiaron en pocas décadas las formas de comunicarse, escuchar música, sacar fotografías, trabajar y acceder a la información.

La declaración de la Legislatura le da ahora un nuevo reconocimiento a una intervención que nació de manera particular y que terminó incorporándose al paisaje de Saavedra.

En Pasaje Cisne, una calle del barrio, aquellos objetos que alguna vez quedaron obsoletos encontraron otra manera de seguir presentes. Ya no sirven para llamar, escuchar música o sacar fotos como antes, pero cuentan una parte de esa historia desde una pared que cualquiera puede detenerse a mirar.

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